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Guatemala: Violación a una monja destapó el apoyo de EE.UU. a los regímenes militares

Dianna Ortiz nació en Nuevo México. Era una adolescente cuando inició su vida religiosa. Cuando se mudó al país centroamericano contaba con 29 años

Guatemala: Violación a una monja destapó el apoyo de EE.UU. a los regímenes militares

Le causaron más de 100 quemaduras de cigarrillo en su espalda. (Foto: BBC News)

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Redacción: ruben.bolivar
27 Feb 2021 | 17:38 h

Los secuestradores y violadores le causaron más de 100 quemaduras de cigarrillo en su espalda.  Los torturadores de la religiosa, nacida en Estados Unidos, Dianna Ortiz, inventaron un juego de preguntas en el que ella no acertaba ninguna respuesta, siempre perdía.

El horrendo hecho se registró en noviembre de 1989 en Guatemala. A la monja la violaron y torturaron durante 24 horas. Este caso  conmocionó al país centroamericano y más allá de sus fronteras.

Guatemala estaba en plena guerra civil, en la que se enfrentaban las guerrillas marxistas y el ejército, respaldado por el gobierno de turno de los Estados Unidos de Norteamérica.

Dianna Ortiz (62), falleció de cáncer el 19 de febrero de 2021 en Washington D. C. (Estados Unidos). Pese a que su caso permanece impune, su calvario y lucha posteriores se convirtieron en noticia en todo el mundo cuando denunció que un estadounidense vinculado a la embajada fue cómplice de su secuestro.

 Esta religiosa nació en Nuevo México. Inició su vida religiosa a los 17 años de edad. Cuando se mudó al país centroamericano tenía 29 años. Su misión era ayudar en la enseñanza de lectura y escritura a niños de bajos recursos.

Foto: BBC News
Foto: BBC News

Las amenazas hacia ella comenzaron cuando realizaba su trabajo con comunidades indígenas. La eligieron como objetivo, precisamente por ese trabajo con los indígenas, los militares los tenían en la mira por sus presuntas simpatías con las guerrillas de izquierda.

De acuerdo a los testimonios de la monja, algunas de las cartas de amenaza se las entregaron en diferentes lugares que visitaba. Con esto querían demostrarle que la estaban siguiendo.

Pat Davis, quien en 2002 coescribió con Ortiz el libro "The Blindfold's Eyes: My Journey from Torture to Truth" (Los ojos vendados: mi viaje de la tortura a la verdad), sostiene que no se puede considerar lo sucedido con Dianna como un error o una confusión, como llegaron a señalar al principio.

 "Nunca dejó de buscar justicia por lo que le pasó a ella y a otras víctimas de tortura. Incluso volvió a Guatemala para intentar esclarecer qué pasó, pese a que los fiscales decían que estaba haciendo un show", indica Davis a BBC Mundo.

 Pat Davis trabaja ahora en la Comisión de Derechos Humanos de Guatemala, esta es una organización civil con sede en Washington de la que Ortiz formó parte.

“El día del secuestro, Dianna se encontraba en una casa de retiro espiritual. Fue trasladada a la fuerza hasta un predio que después sería identificado como una dependencia de la policía. Ese 2 de noviembre de 1989 "fue devastador, le cambió la vida", cuenta Davis.
Ortiz fue una activista de los DDHH (Foto: BBC News)
Ortiz fue una activista de los DDHH (Foto: BBC News)

 Además de las violaciones y las numerosas quemaduras de cigarrillo, sus tres captores metieron su cabeza en una fosa con cuerpos en descomposición y personas agonizantes.

 “Ella contó muchas veces que nunca pudo olvidar el olor que la invadió en ese momento. Pero tal vez lo peor fue cuando la obligaron a hundir un machete en el cuerpo de una persona que se encontraba gravemente herida”.

Presuntamente para chantajearla, sus  torturadores filmaron todo. Todo el tiempo que duró su calvario, a la víctima siempre la mantuvieron con los ojos vendados. Su desesperación era mayor cuando oía los gritos de otras personas.

ALEJANDRO, SU SALVADOR

La monja en muchas oportunidades relató que habían pasado alrededor de 24 horas del secuestro, cuando un hombre entró a la habitación donde la tenían y ordenó que dejaran las torturas.

Hubo algo que quedó grabado en su cabeza hasta los últimos días de su vida: el acento de la persona que dio la orden, parecía al de un estadounidense.

 Alejandro, como dijo que se llamaba quien detuvo la tortura, la monto a un vehículo y la puso en contacto con una persona que la ayudaría. En el trayecto le aseguró que todo era una confusión. La mujer que buscaban era otra, una indígena, que  tenía su mismo apellido, Ortiz.

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